Al reiniciarse las sesiones de diálogo gobierno y Farc en La Habana en este nuevo año pueden sacarse algunas conclusiones liminares. El proceso ha avanzado y mostrado su viabilidad, a contrario de los vaticinios de la ultraderecha y del poder mediático. La seriedad de planteamientos y la prudencia de las declaraciones muestran las diferencias pero reafirman la confianza en el camino escogido. Los detractores de oficio han perdido argumentos y existe una expectativa internacional que expresa simpatía por el buen suceso.